El Centauro Bigotudo

No existe distancia física que impida el abrazo de las almas

La Alondra Ciega

Published by Ariesky Castillo under on 13:41


Cienfuegos tiene el orgullo de haber sido la cuna de muchas celebridades artísticas y literarias, entre ellas me gustaría citar a una de las poetizas más importantes del siglo XIX en la isla de Cuba: Mercedes Matamoros y del Valle (1851-1906). Huérfana de madre desde los tres años, su padre fue su primer mentor; con él aprendió inglés y francés e inició sus lecturas literarias. En La Habana estudió en el colegio “El Sagrado Corazón”, del Cerro. En 1867 dio a conocer sus primeros artículos de costumbres en los periódicos El Siglo y El Occidente. Más tarde colaboró en La Opinión (1868). De 1878 a 1880 colaboró en El Triunfo. Publicó en El Almendares y además en la Revista de Cuba de 1880 a 1883. A partir de 1884 graves problemas familiares la aíslan de las letras, se dedica al magisterio particular y labora en el colegio María Luisa Dolz. En 1892 Antonio del Monte impulsa la edición de sus obras completas. Vuelve a las letras y publica en la Ilustración de Cuba, La Golondrina (Guanabacoa), El País, La Habana Elegante, La Habana Literaria y El Fígaro. Sus poemas Mirtos de antaño, que aparecieron en el Diario de la Marina (1903-1904) y en El Fígaro (1922), datan de 1888 y 1889. El Fígaro publicó además algunas poesías de su libro inédito Armonías cubanas, de 1897. Trelles, en su Bibliografía cubana del siglo XIX, cita la pieza en un acto El invierno en flor, mencionada por Merchán, la cual no ha podido ser localizada. Tradujo a Byron, Longfellow, Chaucer, Tennyson y Thomas Moore, del inglés; del francés, a André Chenier y a Vigny, y del alemán a Goethe y a Schiller. Su soneto “La muerte del esclavo”, escrito en 1879 para un certamen de poesía fue traducido al sueco. Recibió el epíteto de La alondra ciega. Usó el seudónimo Ofelia. Vivió en la mayor pobreza y desolación, en compañía de su padre enfermo de una esclerosis incurable. Para aliviar su pobreza, sus admiradores le hicieron una suscripción para publicar sus poesías completas en 1892. Murió en Guanabacoa en 1906 y el Ateneo de La Habana costeó sus funerales. En 1902, se publicó, con prólogo de Manuel Marquez Sterling, su folleto El último amor de Safo. Su condición poética principal es la de haber sido precursora de un tipo de poesía femenina, que después se pondría de moda en Juana de Ibarbourou, en María Eugenia Vaz Ferreira, en Gabriela Mistral, donde la mujer expresa la más secreta voz de sus instintos, renunciamientos, apetencias, frustaciones. En esta dimensión su colección de sonetos El último amor de Safo, abunda en esas condiciones que le dan su calidad de precursora de una poesía apacionada en el núcleo de sus instintos. Buscó en los amores mitológicos, los símbolos donde su pasión podía cumplirse cabalmente sin disimulo ni limitaciones. El sufrimiento no provocó en ella, como en Luisa Pérez de Zambrana, un renunciamiento del mundo sino por el contrario, exacervó sus paciones. Su verso a veces cruje, la mucha carga de sentimiento a veces rompe la forma, pero en esa materia poética que gime y ondula, que se deja recorrer por un pathos coloquial, está la mas permanente fascinación de esa poesía.


La Orgía

¿Te acuerdas...? Fue una noche deliciosa.
¡Cupido en torno nuestro sonreía,
y en el loco bullicio de la orgía
a tu lado me hallé, tierna y gozosa!

Dulce vino de Chipre, en la preciosa
copa, te dio a libar la mano mía;
con mis trémulos brazos te ceñía
¡más que nunca incitante y voluptuosa!

¡Sentí en mi boca un ósculo de fuego!
Después, voluble, con suprema calma
¡te fuiste, sin oír mi blando ruego!

Mas del beso fugaz quedó la huella,
¡y aún palpita, encendido, aquí en mi alma,
como en cielo nocturno, ardiente estrella!...

1 comentarios:

Yamil Cuéllar dijo... @ 18 de julio de 2009, 15:33

Ariesky, magnífico, no sé cómo lograr conseguir más poemas de esta mujer. Leo el testamento de sus palabras y cierto, lleva el alma de una mujer clara, viva. Me recuerda a Dulce María. Todo parte de lo que muchas mujeres hicieron en la poesía sembrando en ellas una sensibilidad y sutileza al decir. Gracias por tu artículo, como ves, ya lo estaba vigilando.

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