El Centauro Bigotudo

No existe distancia física que impida el abrazo de las almas

El Crítico

Published by Ariesky Castillo under on 14:46



Hoy quisiera compartir con ustedes los datos de un poeta, a quien se le atribuye la categoría de haber sido el primer crítico profesional de Cuba. Domingo del Monte nació en Maracaibo, Venezuela, el 4 de Agosto de 1804 y su primera residencia en nuestra isla fue Santiago de Cuba en 1810. En1816 ingresó en el Seminario de San Carlos y en 1819 en la Universidad de la Habana. Allí conoció a José María Heredia, cuya amistad cultivó durante casi toda su vida. Colaboró en El Americano libre, El Revisor Político y Literario, El Observador Habanero. En 1823 ocupó por breve tiempo el cargo de secretario del Juzgado de Guane, en Pinar del Río. En 1827 se graduó de Licenciado en Derecho Civil. Trabajó en el bufete de Nicolás María de Escobedo, con cuya ayuda económica emprendió un viaje a Estados Unidos y a Europa. Conoció a personajes europeos y americanos de la política y de las letras, con los que sostuvo una correspondencia importante. A mediados de 1829 regresó a La Habana, donde fundó, en compañía de Jesús Villariño, La Moda; o, Recreo semanal del bello sexo. En compañía de Bachiller y Morales publicó El Puntero Literario en 1830. “En su casa, tanto en la ciudad yumurina como cuando vivió en la Habana, se reunían los mejores cerebros de la época: Jorrín, Poey, Govantes, los Milanés, Santos Suárez, Zambrana y otros más. Coleccionaba poesías de los autores españoles y cubanos más notables, siendo Del Monte un conocedor profundo de la literatura y de la Historia de España. Ingresó en la Sociedad Económica de Amigos del País, donde ocupó diversas secretarías y promovió la creación de la Academia Cubana de Literatura. Colaboró en la Revista Bimestre. Publicó en La Aurora de Matanzas y en El Pasatiempo y formó parte de la Sociedad Patriótica. En 1836 se radicó en La Habana. Su casa fue centro, de la vida intelectual del país. Creó un famoso sistema de tertulias, en el cual se leía la obra de todos los que participaban, hasta incluso las pruebas de galera. Allí se le hacía crítica de corte constructivo que mejoraba considerablemente la redacción de las obras que eran expuestas. Entre los principales asistentes a estas reuniones se encontraban José Jacinto Milanés, José Manuel de Cárdenas y Juan Francisco Manzano, este último era un negro esclavo que gracias a del Monte pudo alcanzar la libertad. Colaboró en El Eco de Madrid, España, en el Aguinaldo Habanero, El Álbum y El Plantel 1838, donde publicó sus estadísticas sobre la educación primaria y su artículo “Moral religiosa” que dio inicio a una polémica con José de la Luz y Caballero. Redactó el Proyecto a la Reina de España en nombre del Ayuntamiento de la Habana pidiendo leyes especiales para Cuba 1838. Ese año fue nombrado miembro honorario de la Academia de la Historia de París. Según Calcagno, fue también miembro de la Academia de Historia de Madrid y de la Sociedad de Estadística. Fue visto con recelo por las autoridades españolas debido a su amistad con el cónsul inglés Turnbull. Tuvo que abandonar Cuba y partió hacia Filadelfia 1842. Acusado por Plácido (Gabriel de la Concepción Valdés) ante los jueces de la Conspiración de la Escalera, fue llamado a presentarse ante el Tribunal Militar. Decidió permanecer en París, donde publicó, en Le Globe (1844), una carta justificatoria en la que propone como solución al problema de la esclavitud, el trabajo de blancos libres. En 1845 O'Daniel desatendió su solicitud de regresar a Cuba. Combatió la propaganda anexionista. Se le trató de implicar, al igual que a José Antonio Saco, en las actividades del Club de Anexionistas de Madrid. Se le desterró de la capital, a la cual regresó en 1852. Falleció en la ciudad española de Madrid, el día 4 de noviembre de 1853. Pasado un año, sus restos fueron trasladados a La Habana. Dejó inéditos varios trabajos. Su correspondencia fue recogida por la Academia de la Historia de Cuba en 7 tomos, bajo el título Centón epistolario de Domingo del Monte.



Fragmentos de
El Veguero



Al tabaco cantemos, riqueza del cubano
y del mundo delicia apetecida:
consuelo del humano
que en amargos extremos
y de penas el alma combatida,
a la pipa querida
se llega, y por encanto al fumar deleitoso
cesa su doloroso
incómodo penar y triste llanto.
Del orbe fumadores,
al tabaco entonad dignos olores.
..........

El humo suave, oliente del puro peregrino
halaga ya mi olfato delicado
y mi arrugada frente
al grato olor divino
despejado se esparce. Alborozado
recuerdo sin cuidado
mis años juveniles:
Amistad y amoríos
por necios extravíos
los juzgo y por errores infantiles:
mi cítara y mis puros
amigos son y amantes más seguros.
..........

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