El Centauro Bigotudo

No existe distancia física que impida el abrazo de las almas

El Primer Poeta Cubano

Published by Ariesky Castillo under on 10:30


El próximo 28 de agosto se conmemorarán 245 años del natalicio de quien ha sido considerado, por su calidad, vocación y por el conocimiento estudioso de su instrumento poético, el primer poeta cubano en el tiempo: Manuel de Zequeira y Arango (1764 – 1846). Nació en La Habana. Procedía de familia noble y pudiente. Aprendió las primeras letras en su propio hogar. En 1774 ingresó en el Seminario San Carlos. En ese mismo Seminario estudió historia, literatura y la cultura latina. Diez años más tarde se asoció al Regimiento de Infantería de Soria, España. A la edad de 28 años escribió y publicó poemas y ensayos literarios en varios periódicos de La Habana. Participó en muchas expediciones militares, tanto en Cuba como en las Antillas, pasando más tarde a Venezuela y al Virreinato de Nueva Granada. Debido a su participación en las guerras recibió algunos honores. Después de sus correrías militares, vuelve a La Habana, en donde contrae matrimonio. Colaboró en El Aviso de La Habana, El Criticón de la Habana, El Mensajero político económico y literario de La Habana, El Noticioso Mercantil, El Observador Habanero y La Lira de Apolo. En 1821 se trasladó a Matanzas, en función de coronel. Allí le aparecieron los primeros indicios de locura, de la cual no se podrá restablecer. Enloquece con un bello capricho, cree que se torna invisible al ponerse un sombrero. Pero la anécdota tiene más importancia que una muestra de razón aberrante, pues el hecho llegó al pueblo, su captación fue mágica e inmediata. Cuando alguien intenta postergarlo, no oirle la protesta por alcanzar sus derechos, exclama: “Yo no me he puesto el sombrero de Zequeira”. También, dentro de su bella locura, se cree depositario de las joyas de la corona; se cree miembro de la familia real y exije, según Guiteras, que es el que lo relata, que intercale el apellido Borbon antes que el suyo. Pero ninguno de estos delirios lo lleva a perder el sentido de su cubanía, no sólo cuando elogia la más bella de nuestras frutas, la piña, sino que en sus décimas lo cubano se apodera de sus estrofas, ofreciendo en el juego de lo grotesco temas que parecen de comparsa. En Cuba sus poesías fueron editadas con las de Manuel Justo Rubalcava en 1964, cumpliéndose 200 años de su nacimiento, gracias a la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO. Un caso curioso a notar es que, por lo menos, utilizó unos veinte seudónimos como noms-de-plume. Fue uno de los cubanos que más trabajó para la Sociedad Patriótica, que después habría de ser la Real Sociedad Económica de Amigos del País, donde coloboró con su amigo el Dr Tomás Romay, quien a la muerte de Zerqueira le dedicara un artículo muy sentido. Ambos trabajaron en la redacción del Papel Periódico. Hoy siento que le hago un homenaje a su poesía que ha sobrevivido tantos años y me entristece que muy pocos conozcan su obra. Aquí está uno de sus sonetos:


A LA VIDA
Vida, que sin cesar huyes de suerte
Que no eres de ningún bien merecedora.
¿Por qué quieres llevarme encantadora
Con alegre esperanza hasta la muerte?


Si el tiempo que risueña te divierte
Es el mismo al fin que te devora
Por qué te he de apreciar si a cada hora
Se me acerca el momento de perderte.


Mas, ¿qué pierdo en perderte? La vil parte
De la miseria humana, el cuerpo indigno
Que debieras más bien de él alejarte,


Si a más vida, mas males imagino
Ya me puedes dejar, que yo en dejarte
Harto que agradecer tengo al destino.

2 comentarios:

Yamil Cuéllar dijo... @ 6 de agosto de 2009, 13:58

Agradecerte, porque el conjunto de todos estos artículos siguen siendo una sorpresa para la nueva generación de poetas. Escucho hablar de este hombre, patriota y escritor por primera vez. fascinante artículo y fuente de nuestra cultura.

Anónimo dijo... @ 6 de agosto de 2009, 19:46

Cubanísimo! Parece una historia real maravillosa, me corrijo, es algo real maravilloso esta locura como sacada de la manga enriqueciendo el mundo de este autor. Pero qué interesante locura, desaparecerer debajo de un sombrero, envidia la que siento ahora, la de cosas que vería si yo tuviera también un sombrero mágico...

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