El Centauro Bigotudo

No existe distancia física que impida el abrazo de las almas

El Gran Borges

Published by Ariesky Castillo under on 12:38



En este blog me he caracterizado por hablar solamente de los poetas cubanos, sin embargo hoy, con el permiso de mis lectores, no quiero pasar por alto el 110 aniversario del nacimiento de ese poeta y escritor argentino, que tanto me inspiró a buscar y descubrir la magia que habita en el maravilloso mundo de los libros: el gran Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Argentina, 1899 - Ginebra, Suiza, 1986). Creo que todos los escritores hemos aprendido algo de Borges, lo mismo en la aguda visión y comprensión que muestra en sus ensayos, como en la riqueza fantástica e inagotable de su narrativa, así como también en las profundas imágenes y erudicción que derrocha en sus poesías. Con la publicación en 1923 del poemario “Fervor de Buenos Aires” Borges inició un basto y original ejercicio literario que le permitió alcanzar una merecidícima atención y notoriedad en todos los lectores del mundo. Ensayos como Historia de la Eternidad (1936) y Otras Inquisiciones (1952); los relatos de Ficciones (1944), El Aleph (1949); la poesía de El hacedor (1960) o de La Cifra (1981), entre otros, bastan para confirmarlo como una de las voces mayores de la literatura hispanoamericana. Premios como el de El Congreso Internacional de Escritores, Formentor, (1961), Miguel de Cervantes, España, 1980 y numerosas designaciones honoríficas recibidas son algunos de los numerosos reconocimientos a la innegable trascendencia de su legado estético. “Hombre desgarrado hasta el escándalo por sucesivas y contrarias deslealtades” se llamó a sí mismo Jorge Luis Borges, lo que encarnó en los bruscos giros de su faena literaria: giros que lo llevaron, por ejemplo, a prescindir en las distintas ediciones de sus Obras Completas de varios libros iniciales de sus ensayos, y a prescindir también de muchos poemas de sus primeros libros de versos, o a modificarlos con rudeza. Pero una lealtad constante tuvo Borges: la pasión de la literatura. Esa pasión lo hizo un lector voraz, mientras se lo permitieron sus ojos, y escuchador no menos voraz cuando le sobrevino la ceguera; por otra parte escribió sin desmayo (o dictó, ya ciego) textos variadísimos, en prosa y en verso: textos con frecuencia de un rigor y una felicidad expresiva que hicieron de él uno de los mayores escritores del siglo pasado.




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